jueves, 14 de octubre de 2010

El milagro de los 33 mineros rescatados con vida


La tarea se cumplió frente a la admiración mundial. Los trabajadores que quedaron atrapados tras un derrumbe en la mina San José en Copiapó fueron rescatados ayer sin complicaciones graves de salud. Un salvamento sin precedentes en la historia mundial, que recuerda como otros accidentes de este tipo, terminaron con la muerte de los obreros

TALCA.- La existencia de los 33 trabajadores rescatados ayer desde la mina San José, cerca de Copiapó, estará marcada por el milagro de haber salido con vida, prácticamente sin rasguños, de uno de los mayores accidentes laborales ocurridos en la historia del país. Por eso, emocionó tanto ver el rostro del último de los mineros en salir del yacimiento gracias a la ardua labor de semanas, primero para lograr llegar a ellos y saber que estaban todos vivos, y para mantenerlos a salvo; y segundo, para cavar un ducto de 700 metros en roca dura lo suficientemente ancho para que pudieran salir por él.
Luis Urzúa, topógrafo de 54 años, oficiaba como jefe de turno el día del accidente con final feliz, el 5 de agosto.
Pese a que muchos criticaron la cobertura mediática, era imposible no ver con nerviosismo a través de los canales de TV, Internet o escuchar por radio, como salían uno a uno los trabajadores, quienes quedaron sepultados a 700 metros de profundidad por las malas condiciones en que operaba la antigua mina, y por la falta de seguridad en ella.
Con la salida de Urzúa se terminaba una de las más duras y largas tareas de rescate vividas en el país, que duró 70 días, con expertos del extranjero que vinieron a hacer el largo y difícil ducto, como el estadounidense que manejó la T-130, a quien todos saludaban, besaban y abrazaban el día en que se logró llegar con la máquina hasta el taller de la mina. Y con profesionales chilenos de la estatal Codelco, con rescatistas de la Armada, del GOPE de Carabineros, con especialistas de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS), todos velando por sacar con vida y luego asistir ya en la superficie a los 33 esforzados y corajudos mineros.
Son historias para recordar, como la del minero Raúl Bustos Ibáñez, quien partió al norte en busca de una nueva vida tras el terremoto y posterior maremoto que el pasado 27 de febrero azotaron el centro y sur del país.
Emergió a bordo de la cápsula "Fénix 2" a las 20.37 horas, 24 minutos después que el trabajador que le precedió, Juan Carlos Aguilar.
En Talcahuano, su ciudad natal, situada en el sur de Chile, Bustos trabajaba en un astillero por las mañanas y como comerciante por las tardes.
El maremoto destruyó sus lugares de trabajo, por lo que el minero, de 40 años, decidió emigrar en busca de nuevas oportunidades.
"A Raúl no le tocaba trabajar, pero como se habían averiado unas cañerías y él es mecánico, lo llamaron para que colaborara igual", explicó su madre en alusión al pasado día 5 de agosto en que tuvo lugar el derrumbe en la mina.
En una emotiva carta, Bustos contó a su esposa, Nora Narváez, los dramáticos momentos que vivió tras el derrumbe y los largos días que pasaron hasta ser detectados al interior del pique.
"Mi Dios nos dejó vivos de milagro y con un propósito. Aquí, casi desmayado, rezaba y pedía por todos que si pasaba algo lo tomaran bien, porque en un momento ya pensaba que no rompían las herramientas el cerro".
El minero número 30 en salir a la superficie y quien ha vivido en carne propia las dos tragedias que han sacudido a Chile este año, abrazó a su esposa a la salida de la cápsula. 

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