martes, 12 de octubre de 2010

Esposa del minero talquino apura los pasajes a Copiapó

Los cambios de última hora han apurado el inminente rescate, hecho que también tiene a Blanca Hettiz embarcándose lo antes posible hasta la mina San José para estar con su marido, José Samuel Henríquez

TALCA.- A pesar que tenía pensado viajar casi al final de la semana, los últimos acontecimientos en torno al rescate han hecho apurar los trámites para conseguir pronto un pasaje que lleve a Blanca Hettiz Berríos, la esposa del minero José Samuel Henríquez, al campamento “Esperanza”.
Tal como lo indicó en su momento la propia mujer, hoy podría ser una jornada clave en el intento por cambiar el pasaje en avión para llegar antes hasta la mina San José, en Copiapó, y así estar presente en el rescate de su marido.
Cabe recordar que el sábado recién pasado, el mismo día que a las 8.05 horas la máquina perforadora T-130 había hecho el rompimiento con el taller donde se encontraban los mineros, se estableció el último contacto a través de videoconferencia entre “los 33” y sus familiares, antes del anhelado día del rescate.

CONTACTO TELEFÓNICO
A más de mil kilómetros de ese lugar, y mientras sus hijas lo veían por la pantalla, Blanca Hettiz se aferraba a su teléfono celular para escuchar lo que su marido le mandaba a decir desde las profundidades del suelo nortino. “Está tranquilo y me dijo que me fuera altiro para allá”, señaló en ese momento la esposa de José Samuel.
En la ocasión, la mujer recordó que desde que se tuvo contacto, las cartas que ha recibido de su marido han sido innumerables. En mayor cantidad aún, han sido los mensajes que le ha dejado con sus hijas.
Consultada sobre lo que más le ha impactado de todo este proceso, Blanca Hettiz narró que eso fue en el momento que estuvo en el campamento. Dijo que desde la explanada donde estaba ubicada vio hacia el frente un cerro que a ella le pareció enorme y le preguntó a una persona que conoce el sector cuál era su altura.
La persona le respondió que la gigantesca masa de tierra que ella veía medía cien metros, y fue en ese momento que se impactó al darse cuenta que su marido estaba siete veces ese cerro, pero en la profundidad. “Eso me dio, incluso, mucha pena”, relató.    

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